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retrato de Caravaggio

 

Caravaggio (1573-1610), pintor italiano, uno de los exponentes más destacados de la escuela naturalista que surgió en Italia como oposición a la corriente manierista triunfante durante el siglo XVI. En sus cuadros, tanto profanos como religiosos, no utilizó otro modelo más que la cruda realidad sin someter a los personajes a proceso alguno de idealización. Los protagonistas de sus obras ya no son modelos ideales de yeso, sino tipos vulgares y corrientes sacados de la vida cotidiana: mendigos, echadores de cartas, prostitutas, borrachos y jornaleros. Esta forma de tratar las composiciones religiosas atrajo la atención de la Contrarreforma por su carácter devocional que facilitaba la identificación de los fieles con los modelos de santidad, aunque, en algún caso, la excesiva vulgaridad de aquellos le valió algún problema con la Iglesia. Fue asimismo muy importante la utilización del claroscuro para imprimir dramatismo a sus obras. La luz, en sus cuadros, no suaviza las formas sino que crea fuertes contrastes que ayudan a dirigir la mirada del espectador. Personaje de temperamento explosivo y violento, tuvo una vida plagada de peleas, huidas, encarcelamientos y problemas, lo que no le impidió realizar obras marcadas por una gran capacidad de meditación y una profunda poética, tan sólo presente en los grandes maestros. Su verdadero nombre era Michelangelo Merisi y nació el 28 de septiembre de 1573 en la ciudad de Caravaggio (Lombardía), de donde tomó su sobrenombre. Tras la prematura muerte de su padre quedó bajo la tutela de su tío, quien le permitió trasladarse a Milán en 1584 para entrar como discípulo en el taller de Simona  Peterzano. En las obras de estos primeros años de formación ya se puede observar esa concentración en el tema principal del cuadro que se convertiría en el sello inconfundible de este artista. Hacia 1589 viajó a Roma y, tras permanecer algún tiempo enfermo en el hospital de Nuestra Señora de la Consolación, entró a trabajar en el taller del pintor manierista Giuseppe Cesari, también conocido como el caballero de Arpino. Las obras de esta primera época reflejan el poder de su visión innovadora y la libertad de interpretación con la que se enfrentó a los temas tradicionales. En el Baco joven (c. 1590, Galería de los Uffizi, Florencia), el tema mitológico del dios Baco se convierte, por primera vez en la historia de la pintura, en poco más que un pretexto para la descripción de todo tipo de frutos naturales y objetos cotidianos que, de hecho, son los auténticos protagonistas de la escena. La adolescente figura del dios, coronado con hojas de vid, aparece representada casi de un modo burlesco. Otras obras de este periodo son Muchacho con cesto de frutas (c. 1590, Galería Borghese, Roma), Descanso en la huida de Egipto (1590, Galería Doria Pamphili, Roma) y David, vencedor de Goliat (Museo del Prado, Madrid). Dentro de la pintura de género (escenas de la vida cotidiana) se conoce el cuadro titulado Los músicos (1591-1592, Museo Metropolitano de Arte, Nueva York), realizado para su primer mecenas importante: el cardenal Francesco Maria del Monte. Escenas como La buenaventura (1594, diferentes versiones en el Museo del Louvre, París, y en el Museo Capitolino, Roma) ejercieron una atracción especial sobre los seguidores del artista. La pintura de Caravaggio alcanzó su madurez alrededor de 1600, cuando se le encargó la decoración de la capilla Contarelli, en la iglesia de San Luis de los Franceses, Roma, con tres escenas de la vida de san Mateo: San Mateo y el ángel, Martirio de san Mateo y Vocación de san Mateo (1599-1600). Para la representación del primer tema, que debía aparecer coronando el altar, Caravaggio se vio obligado a realizar dos versiones: en la primera (destruida en Berlín durante la II Guerra Mundial) san Mateo aparecía como un analfabeto ayudado por el ángel, por lo que el cuadro fue considerado demasiado realista y poco respetuoso, y rechazado por la Iglesia. La segunda versión fue concebida de un modo más clásico.En la Vocación de san Mateo, el santo aparece en una taberna rodeado de un grupo de personas ocupadas en contar monedas y ataviadas a la moda de la época. Un rayo de luz irrumpe violentamente en la estancia por encima de la figura de Jesucristo, quien señala al santo con gesto autoritario. El ambiente tabernario no impide que el cuadro esté impregnado de una alta espiritualidad. Alrededor de 1601, Caravaggio recibió su segundo encargo importante, el de pintar la Conversión de san Pablo y la Crucifixión de san Pedro para la capilla Cerasi en la iglesia de Santa Maria del Popolo de Roma. Más intensas que las pinturas realizadas para la capilla Contarelli, estos dos trabajos son el resultado de un profundo análisis de los temas religiosos, que son reinterpretados en términos populares. Caravaggio alcanza en estas obras un realismo pictórico extremo. En la Conversión de san Pablo, por ejemplo, colocó los cuartos traseros del caballo en primer plano, algo que escandalizó a sus contemporáneos. Las pinturas de esta etapa de madurez se caracterizan por el naturalismo en la descripción de los objetos, la utilización de formatos de mayor tamaño, la iluminación procedente del exterior del cuadro y la plena configuración del tenebrismo. Este periodo romano culmina con la Virgen de la serpiente (1605, Galería Borghese, Roma), pintada para la Hermandad de los Palafrenieri y que destaca por su inusual iconografía, y con la Muerte de la Virgen (1605-1606, Museo del Louvre, París), obra polémica que estaba destinada originalmente a la iglesia de los Carmelitas Descalzos pero que tuvo que ser retirada debido al escándalo que originó. La crítica supuso, por el vientre abultado que presentaba la Virgen, que Caravaggio había tomado como modelo el cadáver de una prostituta ahogada en el río, lo que provocó el total rechazo de la obra. Caravaggio tuvo una vida turbulenta debido a su temperamento violento y pendenciero, que le condujo a ser arrestado y encarcelado en varias ocasiones. En 1606, fue acusado de asesinato y huyó de Roma a Nápoles. Durante su estancia en Nápoles en 1607 pintó con intensidad pero sólo se han conservado algunas obras, entre las que hay que destacar Salomé con la cabeza de san Juan Bautista (1607, National Gallery, Londres), Flagelación de Cristo (1607, iglesia de San Domenico Maggiore, Nápoles), Siete obras de misericordia (1607, iglesia de Pio Monte della Misericordia, Nápoles) y Virgen del rosario (1607, Kunsthistorisches Museum, Viena), que fue crucial para la evolución del barroco entre los artistas de esa ciudad.A finales de 1607 viajó a Malta, donde fue nombrado caballero de la Orden de Malta y pintó el retrato del gran maestre de la orden, Alof de Wignacourt (1608, Museo del Louvre). En octubre de 1608 huyó de nuevo, esta vez a Siracusa, en Sicilia. Allí pintó varios lienzos de gran tamaño entre los que se incluyen el Entierro de santa Lucía (1608, iglesia de Santa Lucía, Siracusa) y una Resurrección de Lázaro (1609, Museo Nacional de Mesina). En estas obras predominan los tonos oscuros y la utilización de la luz para conseguir efectos pictóricos de gran dramatismo. En 1610, de vuelta en Nápoles, fue herido durante una reyerta, y el 18 de julio de ese mismo año murió en Porto Ercole, Toscana, a causa del hambre y la malaria cuando trataba de regresar a Roma. Aunque la utilización del claroscuro y de modelos extraídos de la vida cotidiana ya había sido frecuente durante el siglo anterior en el arte del norte de Italia, Caravaggio aportó intensidad dramática y sentido devocional a su pintura y tuvo una gran influencia en el desarrollo del barroco en Roma. A pesar de que sostenía que la naturaleza era su único maestro, es obvio que estudió y asimiló los estilos de los maestros renacentistas, especialmente el de Miguel Ángel y Giorgione. El estilo tenebrista de Caravaggio, caracterizado por el modelado escultórico de las figuras, la composición en diagonal, la ausencia de elementos superfluos, la fidelidad al modelo natural y el tratamiento dramático de la luz con fines expresivos, fue decisivo en el arte de su época. No tuvo discípulos, pero a lo largo del siglo, tanto en Italia como en otros países, floreció una escuela derivada de su estilo naturalista con pintores como Gentileschi, el italiano Bartolomeo Manfredi, Gerrit van Honthorst, José de Ribera, el francés Valentin de Boulogne, Georges de la Tour y muchos otros. Aunque el realismo poético de Caravaggio fascinó a pintores como Courbet, Manet y Cézanne, no fue hasta el siglo XX cuando su trabajo empezó a ser realmente examinado por la crítica y su aportación pictórica fue considerada fundamental en la historia de la pintura europea.

La vocación de San Mateo

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La cabeza de la Medusa

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